Que nos vamos! Vamos al barco! He memorizado perfectamente el recorrido para llegar al muelle. Y consigo que nos perdamos solamente un par de veces. No llueve, pero está todo mojado, del primer adoquín al último. El tráfico denso y macarra propio del lugar, Julián totalmente integrado, como uno más, y debo hacer notar que el borde del sidecar está más abajo que la ventanilla de un coche. El caso es que aprox. 70cms es lo que la inercia con que la Ural empuja la máquina antes de detenerse por completo en estas circunstancias.

El puerto está lleno de gente que va a África. La mayoría lleva recados y encargos. Siempre cabe algo más un poco más arriba, como nuestro segundo paraguas. Las gomas traseras pegan con el chásis, el somier de cama que hace las veces de baca, ya sea soldado o atado con cuerdas… Como dicen en Aragón, cogemos capazo con uno de Beni Melal que flipa y se pone muy gordo cuando Julián localiza exactamente su pueblo en el mapa. También haceos unas risas cuando ve mi tirachinas de Albacete.

La espera es muy larga. Rato después intercambiamos experiencias con uno que va para Tánger, a probar su máquina en las arenas del desierto y ha pintado su moto con el mismo plastidep que nosotros. El buen gusto no tiene fronteras. Y además conocimos a una encuestadora a la que faltaba papel para apuntar todas las nuestras. Curiosas las conclusiones “de campo” sobre Italia vista desde la perspectiva de los extranjeros.

Este viaje es entretenido porque se va viendo la costa y adivinando por dónde se pasa: Cannes, Niza, Marsella, la isla de delante, los cruceros que nos cruzamos, los veleros, y el pomerigio. Hay algo más inmenso que el atardecer en el mar?

Después de las amplitudes del crucero más corto de la historia, ya ninguno lo superó. Pero este era un pijo artístico. Como nota mental para enviar a Iker Jiménez, esa noche, nos caímos de las literas simultáneamente!

Y después de dormir, ya estamos en Barcelona! En el puerto sobrepasamos un par de cruceros, esas grandes ciudades waterworld.

Pero esto no es todo, claro, estamos en casa, pero no termina hasta que no estemos en la mismísima cocina! A por la NII!