Partimos del Carrefour del desierto. Fíjate: toda la vida comprando en Carrefour y nunca me interesé por la traducción hasta que vine al desierto! Significa “Cruce”, “intersección”. El corazón se nos hace más grande cuando encontramos la ural amorosamente envuelta en plástico para protegerla de la lluvia que nos había arrullado durante gran parte de la noche.

Y quizá fuera por el agua caída, se fue la luz, pero esto no impidió que pudiéramos desayunar y partir sin problema. Tampoco fue problema cuando en diferentes gasolineras en la carretera hacia el norte nos negaron el suministro porque siempre contábamos con los 10 litros extra que almacena el jerry can. y tampoco habría sido problema si no lo hubiéramos llevado o no lo hubiéramos llevado lleno, porque siempre se puede comprar a alguien que no use bomba y lo almacene en su garage. Que no es raro.

No hubo electricidad hasta bastante más arriba de Zagora. Pero bien.

El objetivo de hoy es cruzar el Anti Atlas, pero hasta el último momento, no supe si lo haríamos por el paso del Todra o el del Dadés. El agua puede convertir cualquier pista en una elección muy mala y este año había lloviddo (y mucho!, también en el desierto) y había que hacer una apuesta al 50% entre la primera, que conocíamos de bajada, y la segunda, a cuyo tramo desde Agudal hacia el norte, habíamos tenido que renunciar en la ocasión previa, cuando yo llevaba la Shadow (!).

Pero primero hay que salir del desierto, volviendo sobre nuestros pasos hasta Zagora para después recorrer el Valle del Draa siguiendo el río. En el mapa pone que es muy bonito!. Pero antes: Adiós a los carteles ccon recomendaciones a la salida del desierto.

Adiós, puerta del desierto. Zagora está rodeada por cresta altas formando una especie de circo, y este punto es por el que se sale hacia el sur (nosotros ahora vamos dirección norte). Impresionante desierto,en todas sus modalidades: de arena naranja, de suelo duro y llano, desierto… Durante esta etapa trazamos dos curvas, tres a lo sumo, y yo me preguntaba porqué hay curvas en el desierto? .

Ya en el Valle del Draa (Oulad Yahia Lagraire), no acabo yo de ver el encanto de esta zona. Veo esta carretera de dos carriles para coches y otros dos para motocicletas y burritos y similares, de perfecto asfalto de velcro con taxis nada aventureros que llevan gente a los riads de M’Hamid. Veo también, aparte de las motos locales, las motos extranjeras relucientes, sin una sola pátina de polvo (mucho menos barro), cargadas con las preceptivas maletas de nevera sin siquiera tener la oportunidad de tomar una curva. No. No lo acabo de ver.

Pero sí veo en la tablet una pista paralela. Insto a mi fiel morabito a salir un poco del asfalto cuando quedaban unos 30kms. hasta nuestro destino en K’nor y es entonces cuando empieza una etapa emocionante del día de hoy. Y esta parte sí que me pareció muy bonita. (También están en obras. También, egoístamente, lo echaré de menos).

Invadiendo los barrios de Tisguine y Timesla, cuyas calles aparecen definidas en el mapa, pero en realidad son más íntimas de lo que puede parecer. Hasta que nos pareció que lo que se mascaba no lo eran los chicles que masticábamos para evitar la arena en los dientes, sino nuestra lapidación por aquello de entrometernos, nosotros y nuestro discreto vehículo, en su apacible vida.  Y salimos hacia el asfalto de nuevo, más tirando a deprisa que otra cosa.

Por el contrario, un poco más adelante, después de atravesar esta vez sí literalmente, el cobertizo de la casa de un hombre,  empatizó con nosotros y nos indicó amablemente el camino de subida al castillo cercano, que tomamos ufanos sin problemas y con muchas fotos:

Después de comer, este río no entraba en los planes y lamentamos irrumpir en el lavado, pero por fortuna, y al contrario que en otras ocasiones, en que acabé mojada hasta el cinturón, apenas había palmo y medio de agua:

Descansito con colegas antes de empezar a subir, interesante conversación sobre pájaros, con la que aprendo la palabra de hoy (a falta de comprobar):

l’bek = pájaro
al gorab = otro pájaro


En el trayecto hacia el este, a K’nob hay poco relieve en la carretera, pero ésta está flanqueada a ambos lados, especialmente al sur, por una formación que asemeja olas:

pero a las olas altísimas, vistas de frente, desde la orilla del mar!

Y entonces, subiendo hacia el Valle de los Pájaros, empezaron las señales. Y yo esperaba que no fueran presagios. En la tablet, el indicador de altitud aumentaba un metro en cada bache, 1.950 mts.  y subiendo. 1.960 y subiendo.

Aquello era como el parking del Corte Ingles que se bajaba a derechas en espiral, pero con rodadas, baches, piedras de todos los tamaños… Todo se movía mucho.

Recorrimos todas y cada una de las curvas con apenas dos paradas para enfriar la máquina, descansar un poco las piernas y yo, a besarel suelo para destensar el cuello. Las vistas eran muy bonitas. Todo estaba por debajo.

Las montañas nos iban tragando y nuevas cimas comenzaban a asomar por el horizonte. Surgían tras las curvas los montes que habíamos visto en el mural del restaurante donde habíamos comido y también muchos otros, parecidos a accidentes que yo conozco, estaban aquí representados: los Dedos de Mono del Dadés, los Mallos de Riglos en Ayerbe, incluso las Bardenas! El paisaje no puede ser más embriagador. ¡Merece la pena el vértigo!


Todo traquetea bajo nuestras ruedas, el mundo se mueve a trompicones mientras y doy gracias porque todas las ruedas de la Ural permanezcan dentro de los límites del camino, aunque no pisen el suelo todas a la vez en muchos tramos. Y me alegro de no haber venido con las motos por aquí. Al culminar, como ya he comentado, un té ofrecido por Fátima, una charlita reparadora, compramos el puñal bereber, y emprendemos la bajada, que por lo menos a mí me infunde mucho más respeto que la subida.

Pero no! Resulta que la parte norte del paso está a punto de ser asfaltada con dos carriles. Adiós aventura. Bienvenido progreso?

Y la naturaleza, brutal, como el entorno, con pinchos duros como el paisaje que nos rodea, aunque un poco más viva que la piedra del paisaje, y bastante más tierna que la arena que nos envuelve, claro.

El hotel? Para no pensar y tener todas las garantías, elegimos el de la gasolinera. Con detector de metales a la entrada, no es raro, parece. Ambientado gracias a la escayola pintada y las fuentes de agua, en la selva. Y la programación más que árabe, apenas canales internacionales, y telenovelas y películas egipcias antiguas, pero que parecían de España, de cuando éramos pequeños.

Y la moto, hasta la cocina, junto a unas cabritillas que adornaban la entrada junto a leones, jirafas y otra fauna (de escayola, como la virgen).