No sé si por la suerte Baraka, la casualidad o que mi fiel morabito posee información que yo no conozco, amanecemos en este hotel internacional cercano a una de las fuentes termales más veneradas de Marruecos, – a donde llegamos después de esquivar casi secos una de las tormentas de agua más impresionantes del viaje. Por los pelos!

Al lado de Fez, pero sin la bulla de allí.

Nuestra intención hoy es pasearnos por el Rif y dormir junto al mar – a no ser que cambiemos antes de opinión!

Yo me voy fijando qué carteles se escriben en francés, árabe, americano y, último, pero cada vez más significativo, bereber.

El americano, lo mejor para la publicidad 😛 el italiano para las mujeres, el alemán… dijo Carlos I
Otra foto para el homenaje a los burritos

Se dice, se cuenta, se comenta, que Lalla Salma, la mujer de Mohamed VI tuvo algo que ver en la decoración de los colegios de colores. Parece que ahora está en paradero desconocido. Suerte, Lalla.

Incluso por estas carreteras se encuentran un montón de niños, niños desde bien corta edad andando hacia los colegios.

Busco las gráficas del aumento de población, me quedo con estas: https://countrymeters.info/es/Morocco , y desde luego, es impresionante.

Con razón tanto colegio, tanta bata blanca.

Las casas blancas, dispersas por las laderas, a veces escalonadas en terrazas, recuerdan un poco a la Axarquía, allí, al otro lado del Mediterráneo, en casa.

Salvando las distancias y los tiempos, se me antoja que algunos de nuestros padres, bien pudieron conocer muchas de las experiencias de cualquiera de estos chavales.

Si no fuera por los minaretes, podríamos estar en Jaén.
¿Qué pájaros se ven por aquí, aparte del pájaro Luis y las garzas? Cuervos. Enormes. Negrísimos. Brillantes.

Cuando una cuneta es un templo natural magnífico. Mirando cara a cara las cumbres de las montañas, tengo que reconocer que yo también agradecí en aquel momento la sensación de bienestar al cobrar conciencia de la inmensidad de lo que nos rodeaba.

Muchas poblaciones del Rif tienen mezquitas con minaretes altísimos, pero yo siento debilidad por los que apenas tienen una ventanita. Y también hoy tenemos nuestra ración de obras y barro.

Por la costa, a intervalos, vamos sobrepasando los puestos militares. No sé si será buen o mal destino, pero las vistas suelen ser las mejores.

Y así es como vamos a parar al castillo de Alcalá,  una fortificación beréber en la costa del Rif.

Y casi lo tomamos, pero la parte que no estaba ocupada ya, estaba en obras.

Aún no sabemos, y no creo que podamos saberlo ya jamás, si fue la Baraka o la casualidad lo que nos hizo tomar el camino de la derecha en aquella ocasión, y llegar sanos y salvos a nuestro destino, evitando la muerte casi segura, por despeñamiento, de la pista cerca del mar. Queda grabada la parte que no estaba en el mapa. Me siento un poco topógrafa.

La educación vial, que se entiende fenomenal con dibujos, pero la protagonista de la foto es la grulla de la esquina inferior izquierda, que junto con los burritos, cabras y ovejas de cabezas negras, copaban el terreno.

Caía la noche y quería descansar, pero creía recordar de El Jebah que no conocía no destacaba por su oferta hotelera. Anticipaba alguna “solución de emergencia extrema” que me van apeteciendo menos con  la edad y cuando llegamos ¡Sorpresa! ¡Dos hoteles en el paseo y dos más en la plaza, aparte de los que estaban menos céntricos! ¡Baraka!

¡Todo cambia muy rápido aquí! ¿Es el progreso?

Y qué paseo marítimo, con chiringuitos al borde de la playa.
Y qué cambiado está el puerto, y… ya no están las planeadoras!

Es entonces cuando celebramos nuestras bodas de corcho allí, en Jebah (como se llama ahora), A.k.a. Puerto Capaz, (lo llamaron los españoles al fundarlo en 1926), A.k.a. El Jehba, como lo conocimos nosotros cuando hace 10 años se unieron nuestros caminos. Y me pongo más tierna que un muslito de Winni Poo 🙂

A lo mejor fue por esto que acudieron todos los mosquitos de África a nuestra suite aquella noche.

Los detalles Gipsy King que me encantan. El tapiz de caballos siempre es un acierto, y detrás de un peirón, por descontado.